Debería haberme puesto a estudiar hace rato. Hace días, al menos hace algunas horas. No lo hice. Llego el domingo a la noche y puse el dvd entero de Los Piojos para que suene algo de fondo que intente opacar lo que mi cerebro sigue empeñándose en gritarme. En un momento todo se termina tornando en una especie de discusión de tercos donde todos gritan al mismo tiempo. Colapso. Es bastante lógico que tantas cosas en tan poco tiempo me provoquen cortocircuito. Creo que también puse el volumen fuerte para hacer como si no estuviera tan sola. El silencio pega durísimo, sobretodo los domingos a la noche.
Y pienso que te extraño un poco (a vos o al tiempo que pasábamos charlando de todo un poco). Y pienso que mi celular está demasiado callado, y que me llenas de bronca también.
Y que no se que pensar de tanto asco que a veces me provocas. Que ojalá te quedes solo y mires tu muñeca, y ahí me tengas a mí, a esa pulsera que te regale (sin saberlo) la primera noche que supiste mi nombre. Y te acuerdes de algunas risas que soltamos juntos cuando todo parecía ir bien, cuando sin conocernos nos decíamos entre lineas que ninguno de los dos se iba a aburrir del otro.
Y ahí es donde en mí aparece ese "te lo dije" preguntándome "¿Otra vez?, ¿En serio?", y todas esas cosas que re-confirman que no aprendo más.
Ayer borré todos tus mensajes de la casilla de entrada, todos, como para convencerme de que todo esta bien sin vos y que hacer borrón y cuenta nueva es super fácil. Ahora ya no tengo con qué fabricarme mambos los domingos de insomnio.
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