"Una histeria innecesaria (así como descabellada) abandoné cuando te vi. Sentí estragos en el pecho, del más loco frenesí, abundancia de promesas y una súplica de ayuda para ir juntos a la luna.
Pasional como sutil, me arrebataste el cielo y lo adornaste. Y con el tiempo me enseñaste qué es el amor, y que en la cama no hay restricción. Hoy sé que no debe existir placer como admirarte reír."
Cuando tu espalda es lo primero que veo cuando me despierto, y tu pecho y tu panza son mi mejor almohada cuando me duermo. Cuando nos decimos buen día con los ojos (siempre charlamos con los ojos). Cuando te vas a tu mundo y cantas y reís y sos, y yo no puedo sacarte la vista de encima. Tus pantalones negros al cuerpo, tu cinturón roto, tu espalda desnuda larguísima, y tus clavículas, Y de golpe volves a la realidad y levantas la mirada y tus pestañas bailan y tus ojitos brillan y se achican y sonreís, y por dios que me enloqueces, me enloqueces y es ahí cuando no puedo evitar querer darme una palmadita en el hombro a mí misma por haberte encontrado, y abrazarte a vos por haber llegado, y acariciarte la espalda y besarte el cuello y agarrarte la mano y no soltártela más. Y pelearte porque jamas vas a entender que te amo mucho más de lo que puedo explicarte, y decirte que estés al lado mio trescientos años más porque no me va a alcanzar el tiempo para devolverte todo lo que me das. Y pienso que por fin se lo que quiero y no quiero nada mas sin vos, y que por fin tengo lo que quiero y superas todos los días mi capacidad de quererte. Y pienso que todo este tiempo valió la pena esperarte porque sé que siempre estuviste viniendo.