Written up in marker on a factory sign 'I struggle with the feeling that my life isn't mine'
Levanto la vista y seguís sin estar ahí, pero creo en la memoria, creo en el tiempo que cura, creo en el destino, en vos, en la historia. Creo en tus ojos chinitos, en tu esencia, en cada domingo que amanecimos juntos. Creo en la calma, en las risas, en los gritos, las peleas, los abrazos. Creo en lo ineludible, y en que un día voy a levantar la vista y vas a estar ahí, conmigo, una vez más y para siempre, porque así siempre tuvo que ser.
Te vi volver tantas veces como te vi irte. Te vi llorar, sólo, en silencio, refugiándote en esa seguridad que nos transmitíamos. Te mire dormir tantas horas como te escuche gritar, tantas horas como te escuche cantar, tantas horas como te escuche calmarme. Te escuche soltar palabras necias palabras guardadas palabras incoherentes, te escuche llegar tarde a lo que pensábamos era destino cantado, te escuche romperme el corazón en la cara. Viniste tantas veces como te llamé, y algunas más también. Y me quebraste también, en veinte, en treinta, en mil pedazos, tantas veces como las que me repetí no volver a creerte nunca más, y tantas veces como las que te extrañé y volví, por tu paz que acostumbras a transformar en catástrofes, por tus palabras que volves a transformar en risas que hacen que se te arrugue la nariz y te vuelva a extrañar un poco más, hoy, de nuevo, todavía, y este circulo vicioso no se termine nunca más.
Dimos tantos últimos pasos que ya no se donde poner el punto, no sé tampoco si queremos un punto, no se qué es lo que queremos. (A vos te quiero, siempre).


Rodeados de desconocidos se acostaron en el piso del estadio y de golpe no existió nadie más. a partir de ahí eran ellos dos, una nuca que se apoyaba en un ombligo, un ombligo que pasaba por debajo de un brazo, un brazo que rodeaba una cintura, que generaba un escalofrío, que desembocaba en una sonrisa que se negaba a admitirse como tal.
 La encerró con sus brazos y ella se dejo encerrar, y le enseño las fases de la luna, la saco a bailar, le canto al oído, le hizo cosquillas, la calló con un beso, y ella se dejo callar.
Somos todos fuertes hasta que consentimos la primera caricia, y a partir de ahí lo que hasta ese momento había sido inadmisible empieza a salirse de control, otra vez. Aceptamos el amor que creemos merecer.
Simulé tanto que me acostumbre. No te quiero más, pero por favor no te vayas. Si volves no te voy a escuchar, pero vas a volver, ¿no?. Por favor, prometeme que volves.
 Mi garganta se va a cansar de gritarte que te alejes, que no te quiero más en mi vida. Y me vas a mirar, con tus ojos oscuros achinados por el enojo, con tu entreceja fruncida porque te molesta que no te diga lo que queres escuchar, y me vas a decir sin anestesia que no sentís nada por mí. Que fui, que no soy, que no voy a ser. Y vas a apenarte porque mis gritos se frenan con mi respiración entrecortada por el llanto, pero tu entreceja va a seguir fruncida. Pero tu orgullo va a seguir intacto. Tu enojo va a seguir siendo enojo, porque tu ego está lastimado, porque mi corazón está lastimado, porque nos queremos, y no queremos dejar de querernos y nuestras palabras no coordinan con lo que nuestras cabezas están pensando. Te odio, andate de mis días, desaparece de mi vida, dejame crecer (quedate conmigo, por favor, te necesito).
 Pase tanto tiempo en pensar como dejar de pensar, que me olvide de qué estaba pensando. Cuando el acostumbramiento resultó contraproducente, y cuando te busqué corriste, y cuando me fui volviste, y de tanto que volviste me cansé de vos, porque sí, somos contraproducentes.
"Te libero de mí, de mis males, de mi malgenio, de los domingos por la tarde en donde nunca puedo más, del odio a mis cumpleaños, de no saber cómo hacer para regalarte algo que no pierdas. Te libero de mi desengaño, de tu karma, de mis novedades, de la contradicción que represento. Te libero de mis llamadas que te saben a autocompasión, de mis enredos, de mi cabello suelto, largo, sin peinar. Te libero de mi consciencia, del desconcierto a fin de mes, de la caída, de la llegada, de mi huida inevitable. Te dejo libre para que me dejes, para que me veas de lejos y me quieras, menos."
El problema de dejar cicatrices en las personas
es que una vez cerradas, dejan de doler.
Y pueden tardar mucho. Y pueden no tardar nada.
Y cuando se cerraron, desapareciste.
Y cuando dejaron de doler, ya no estás.
Y miras la marca, y te aseguras de no volver a caer.
El problema de llenar tu alma con cicatrices ajenas
es convencerte con satisfacciones efímeras
y al final de cuentas, la cicatriz se cerro, mi vida siguió
y vos, vos desapareciste.
Estas vacío, y desapareciste.


(Supe que te llegó el karma, y tu cara bonita no te salva esta vez. Buena suerte con eso)
Y abrir despacito la puerta de la habitación.
Y tirarme encima tuyo mientras duermas.
Y contarte los lunares de la espalda.
Y perderme y empezar de nuevo.
Y contártelos mil veces más
aunque ya sepa que son 216.
Y dejar que me retes cuando te saco fotos.
Y retarte cuando tires un vaso,
cuando compres otro atado de puchos,
cuando no te sepas los meses.
Y retarte porque me gusta retarte.
Porque otra vez apagaste el despertador dormido.
Porque nos quedamos veinte minutos más en la cama
y si te sigo mirando voy a derretirme.
Y retarte porque hablaste de otra,
porque me respondiste tarde,
porque no me dijiste buenas noches.
Y retarte porque me gusta abrazarte después.
Y abrazarte porque sé que voy a perderte en breve.
Y perderte porque sos originalmente copiado,
ayudado por tu cara bonita,
tu ropa bonita,
tu cuerpo bonito,
tu risa bonita.
Y perderte por tu ego retroalimentado,
por tu ejército de sumisas,
tus frases hechas,
tu sangre fría.
Y odiarte insaciablemente.
Por tu colección incoherente de deseos,
por tu corazón percudido,
por tu orgullo forzado,
tu mente siniestra
y tu karma que tarda tanto en llegar.

(Y algún día va a llegar)
"Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría. Que me encanta mirarte y que te hago mío con solo verte de lejos. Que adoro tus lunares y tu pecho me parece el paraíso. Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise, y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser"

Maktub ordena. No fuimos nada. No somos nada. No vamos a ser nada. Pero te quise. Te quiero. Te voy a querer, siempre.
Hubiera preferido que estallaras por dentro de tanto guardar tus secretos. Hubiera preferido que tardaras días, meses, años en inventar una buena mentira (aunque ambos sabemos que me hubiera dado cuenta). Hubiera preferido mil veces que te quedaras callado y me dieras la razón así te estuvieras muriendo por hacerme la contra, pero nunca que me hayas vomitado así tus verdades, pretendiendo que yo te las acepte sin más reproches y prosiga con el natural transcurso de nuestras vidas.
Y mejor ni hablemos de las excusas. Siempre fuiste pésimo dando explicaciones. A lo mejor sí, necesito compañía, me nublo cuando las cosas no salen como las esperaba, pego portazos cuando no me dan la razón, entro muy rápido en confianza y nunca salgo ilesa de los problemas. Si me siento cómoda río sin mirar a quien tenga al lado, me pongo loca si no puedo hacer lo que quiero, si alguien me incomoda hablo rápido y digo muchas estupideces de las que al rato me arrepiento, escapo desesperada cuando se me terminan las opciones y nunca voy a aprender a manejar las situaciones. Me gusta tomar helado como si se terminara el mundo mañana, me ahogo en vasos de agua, me pongo violenta cuando me hacen cosquillas, miro treinta veces la misma película de amor porque se que me va a hacer llorar. Bailo sola, pido que me acaricien el pelo, canto muy fuerte con micrófonos que voy inventando al paso, no me da vergüenza ser infantil cuando estoy con mis amigos, ni me cuesta gritarte las cosas en la cara. Si me abrazas, te abrazo. Si me pinchas, me duele. Y si me rompes el corazón, sufro. Pero no, no soy frágil, no me voy a romper por caerme, y por más costumbre que tenga la gente a verme débil y cuidarme, yo puedo sola. Así que no, no me pongas de excusa que te callaste para cuidarme, porque no me sirven tus cuidados. Porque estaba preparada para cualquier cosa, porque para excusas ya tengo las propias, las del autoconvencimiento, las que yo misma me invento para que todo duela menos. No necesito más, y menos las tuyas. Y si dejaste que pasara el tiempo, hubiera preferido que dejaras las cosas como estaban. Yo estoy bien así, no desestabilices mi orden, no necesito tus confesiones, ni tu lástima, ni tu comprensión, no ahora.
"¿Pudiste dormir algo?" fue lo primero que soltaste cuando reaccionaste. Te asentí con la cabeza, la primer mentira que te dije en toda la noche.
Durante horas había estado mirando un punto fijo en la pared, sintiendo tu respiración en mi nuca, los latidos de tu pecho en mi espalda, acariciando tu mano en mi cintura, pensando. Pensando por qué ahora, por qué esta noche, por qué después de cinco años, después de meses de neutralidad y rutina, hacía dos noches que no podíamos dejar de gritarnos en la cara. Por qué de golpe todo se revolucionó y estallamos los dos al mismo tiempo, por qué elegimos esa noche para vomitar todos los secretos que habíamos acumulado en tantos años. Y no pudimos mirarnos, vos en la cama, yo chinito en el piso, la habitación completamente oscura y los demonios que por alguna razón ya no pudimos guardar más. Nos separaban menos centímetros de los que hubieran debido, podía sentir como tu voz me golpeaba la nariz.
Me dijiste exactamente todo lo que siempre había querido escuchar, pero tardaste demasiado. Ambos lo hicimos. "¿Por qué nunca me dijiste nada?" Y si mi amor propio no me hubiera frenado a tiempo mi respuesta habría sido "Porque no tengo la más puta idea de qué es lo que quiero". Porque si me lo hubieras preguntado hace un año atrás la historia habría sido otra. Te había querido a vos, todo este tiempo lo único que había querido era a vos. Pero lo mejor que pude -o lo único que mi conciencia me dejó- responderte fue que me doliste hasta el cansancio. Que me había quedado sin energías de tanto padecerte. Que nunca tuvo ningún sentido nada de esto. Ni lo iba a tener. Que vos estas acá, yo allá, y que nada de lo que pudiéramos decirnos ahora iba a servir de algo, porque habíamos llegado tarde. Porque nuestro tiempo, si es que alguna vez tuvimos un tiempo correspondido, ya había pasado por adelante nuestro hacía muchisimo, y culpa nuestra no haberlo sabido aprovechar.
Y creo que me dormí acariciándote la cara, diciéndote que me había sacado un peso de encima cuando en realidad creo que me sumé muchos más de los que me liberé. Y creo que no me acuerdo nada más, o no me quiero acordar de nada más, porque retrocedí dos años de superación en una hora y media. Porque una vez más vos y tu capacidad para manejarme habían logrado tirar la pared de orgullo propio que tantos meses de insomnios me habían llevado. Porque ahora mientras vos dormís en mi panza y cada tanto soltas un "¿Que te pasa?" yo me pregunto qué sentido tuvo tener que llegar hasta acá. Los honesticidios nunca traen buenas consecuencias.
A lo mejor no queríamos creer, y en realidad todo en este mundo tiene un orden perfecto, una lógica, una ya predeterminada reacción de causa y efecto. A lo mejor todo esta así por algo, a lo mejor maktub era real. Y nada de karma, y nada de casualidades, vos ibas a estar ahí, esa noche, ese minuto, esa cerveza que me compartiste para empezar algo que al ratito ya no íbamos a saber frenar. Y vos ibas a estar ahí, esa fiesta, esa banda, ese tequila que desencadeno la catástrofe.
Y teníamos que elegir esa plaza para pasar las tardes, esa vereda para pasar las madrugadas, ese mate como excusa perfecta para todo. Y tenias que ser vos, vos y tus jeans caídos, tu gorrita negra, tu risa cortada por el humo del pucho. Y tenían que ser las llamadas hasta quedarnos dormidos, la cantidad de sinsentidos que inventamos, los abrazos en silencio que no pudimos evitar. Todo tenia su lógica, ese sillón, esa pulsera, ese ultimo mensaje de buenas noches. A lo mejor tenias que quebrarme en veinte como lo hiciste. Y tenias que dolerme, y tenia que extrañarte, para soñar que volvías, para encontrarte como hoy, y volver a verte, y mirar al piso porque me desestabiliza tu presencia, y mirarte a vos y encontrar las razones por las que no puedo dejarte ir, y pensar que sos un imbécil por dejar otra vez la facultad, y alegrarme porque por fin haces algo por vos mismo, y no querer que te vayas de viaje, y tener miedo de no volverte a ver, y notar de reojo que te agrandaste el expansor, y volver a mirar fijo el piso y perder el pulso mientras me hablas.
Todo lo que nos rodeaba había cambiado. Tu habitación ya no era la que tenía en mi memoria, tu casa no era la misma, tu cama ya no era tu cama. Sin embargo vos seguías intacto. Impecablemente intacto. Tu voz seguía igual, tus manos todavía estaban heladas, tu mirada dolía como siempre. Eras vos, estabas acá, habías vuelto.
Sentí en tus abrazos esa ternura que aparentaste desde el primer día, tu cuello olía como si el tiempo no hubiera pasado, tus clavículas me partían al medio otra vez, el cenicero en la mesa de luz, tu sonrisa seca y tus besos chiquititos eran la evidencia perfecta de que todo era real, estabas conmigo devuelta.
Y el despertador sonó y me rehusé a abrir los ojos para no perderte de nuevo. Te ibas evaporando como todas las mañanas, como cada vez que el subconsiente me dejaba acariciarte un ratito más.
Cuando volví en mí habías desaparecido con la misma facilidad con la que lo hiciste hace ya unas cuantas semanas, pero dolía como si fuera la primera vez.
"Uno solo conserva lo que no amarra", y como quien sabe que se cae y no termina de soltarse, esto se vuelve cada vez un poquito más difícil.
Empezaba a estrenarse marzo. Nos sofocaba el calor de una noche sin registro. El sol pintaba el piso de madera y las sábanas habían desaparecido en algún rincón.
 No escuchaste ninguno de los tres intentos de despertador, yo abrí los ojos, corrí tu mano de mi abdomen, sonreí. No pude sacarte los ojos de encima durante veinte minutos: dormías con paz, sin abandonar esa seriedad que te caracteriza, y con satisfacción, con esa cara que ponen los nenes cuando logran algo que saben que no deberían haber hecho.
 Encontré tu remera abajo de la cama, me vestí de tu perfume, congelé mi mirada en un punto fijo y acaricie tu espalda como por inercia. Dos, tres veces, a lo mejor fueron más de diez. Esa mañana tu piel olía increíble.
 Sabía que iba a extrañarte. Sabia que esa era la última, porque simplemente así tenía que ser. Teníamos que perdernos porque nos habíamos encontrado.
 Te bese el cuello sin que te dieras cuenta, para sentir que te dejaba algo mío. Apoye los pies en restos de cigarrillos y botellas, me puse la ropa desparramada por la habitación, busqué mi cartera, cerré la puerta, abriste los ojos. Tu memoria se reiniciaba en el instante en el que yo me desintegraba.

Desligarse (física, mental y emocionalmente).

Las manos más frías.
El pelo más suave.
La voz más manipulable.
La piel más blanca.
Las palabras más interesadas.
Las promesas más falsas.
Las horas mejor gastadas.
La mirada más profunda que vi en mi vida.
Las noches más cálidas.
El tiempo más lento.
La atención más vacía.
La compañia más solitaria.
La ternura más efímera.
Las caricias más inolvidables.
El alma más impenetrable.
La cabeza más indescifrable.
La presencia más desestabilizante.
La libertad más dolorosa.
La sonrisa más increíble del mundo.

Las esperanzas más pacientes. Volvé cuando quieras.

Somos cuestión de tiempo. Cuestión de ganas. Cuestión de piel, eramos.
 Cuestión de risas que chocaban, y se unían, y quedaban, y alegraban. Me alegraban.
Y ante todo, fuimos cuestión de palabras. Cuestión de incoherencias. De proyecciones. De un exceso de indicios desvanecidos.
 Probablemente nunca previste la magnitud de los hechos. Seguiste tu instinto, tus ganas, tu cuestión de piel, mi risa chocando con la tuya. Cuestión de un par de miradas cómplices. No pensaste, no te detuviste. Seguiste. Una linda forma de llenar tus horas.
 Fuimos cuestión de la calma en la que estábamos. Y te hastiaste. Quisiste ver más allá, y te olvidaste (¿te olvidaste?) de seguir viendo más acá.


(Te gustaba desintegrar corazones ajenos porque no necesitabas más que el tuyo)
"Es peligroso abrir una grieta en los afectos humanos y no porque sea tan larga y ancha, sino por lo pronto que vuelve a cerrarse"

(No volveré a dormir sólo otra noche)
Siempre puede ser peor. Así que deje que el café se enfriara un poco, elegí entre todos los colores de resaltadores que me iban quedando con tinta y seguí resumiendo, leyendo sin leer, mientras mi cabeza se iba de nuevo al calor, a enero, a las noches de enero, a vos.


 Y cuando lo fui a tomar el café ya estaba helado. Habrían pasado diez hojas y yo no había registrado una sola palabra. Pensé en cuántas horas sigo desperdiciando al día en divagar en sinsentidos. Tape el resaltador, puse tu banda favorita y me tiré en el sillón abrazando un almohadón. Odio tu banda favorita.
Verte
Si digo que fueron cinco minutos, exagero
Pero te vi
Te gritaría cuanto te detesto
Detesto
Detesto tu indiferencia
Desinterés
Silencio
Lo increíblemente lindo que estás
Me pregunto si te acordarás mi nombre
O mi risa
O mis gritos
Mis caras de enojo exigiéndote abrazos
Los abrazos más cortos
Fríos
Vacíos
Pero no me importa
Te vi
Y a mi burbuja no le importó nada más

Es evidente mi falta de imaginación a la hora de buscar nuevas alternativas para desahogar el alma. Todos los días lloro un ratito, y después me termino auto-convenciendo de que todo va a estar bien. Mi vida es una constante mentalización de que en algún momento efectivamente todo va a estar bien, hasta que alguna canción triste en inglés me hace caer en la cuenta de que no, nunca estuvo todo bien (probablemente no va a estarlo). Siempre hay algo que desencaja. Hoy, por ejemplo, estoy sola. (Siempre estoy sola). Hoy me hiciste sonar Red Hot Chili Peppers durante el almuerzo y mientras te extrañaba llegó. El ratito de lágrimas entro al departamento vacío sin fijarse si se llevaba puesto algo en el camino. Y acá estamos, repitiendo tu cancioncita y esperando que aparezca el momento donde mi subconsciente y yo nos volvemos a hacer los desentendidos que creen que en algún momento todo va a estar bien.

Debería haberme puesto a estudiar hace rato. Hace días, al menos hace algunas horas. No lo hice. Llego el domingo a la noche y puse el dvd entero de Los Piojos para que suene algo de fondo que intente opacar lo que mi cerebro sigue empeñándose en gritarme. En un momento todo se termina tornando en una especie de discusión de tercos donde todos gritan al mismo tiempo. Colapso. Es bastante lógico que tantas cosas en tan poco tiempo me provoquen cortocircuito. Creo que también puse el volumen fuerte para hacer como si no estuviera tan sola. El silencio pega durísimo, sobretodo los domingos a la noche.
 Y pienso que te extraño un poco (a vos o al tiempo que pasábamos charlando de todo un poco). Y pienso que mi celular está demasiado callado, y que me llenas de bronca también.
 Y que no se que pensar de tanto asco que a veces me provocas. Que ojalá te quedes solo y mires tu muñeca, y ahí me tengas a mí, a esa pulsera que te regale (sin saberlo) la primera noche que supiste mi nombre. Y te acuerdes de algunas risas que soltamos juntos cuando todo parecía ir bien, cuando sin conocernos nos decíamos entre lineas que ninguno de los dos se iba a aburrir del otro.
 Y ahí es donde en mí aparece ese "te lo dije" preguntándome "¿Otra vez?, ¿En serio?", y todas esas cosas que re-confirman que no aprendo más.
 Ayer borré todos tus mensajes de la casilla de entrada, todos, como para convencerme de que todo esta bien sin vos y que hacer borrón y cuenta nueva es super fácil. Ahora ya no tengo con qué fabricarme mambos los domingos de insomnio.