Siempre puede ser peor. Así que deje que el café se enfriara un poco, elegí entre todos los colores de resaltadores que me iban quedando con tinta y seguí resumiendo, leyendo sin leer, mientras mi cabeza se iba de nuevo al calor, a enero, a las noches de enero, a vos.
Y cuando lo fui a tomar el café ya estaba helado. Habrían pasado diez hojas y yo no había registrado una sola palabra. Pensé en cuántas horas sigo desperdiciando al día en divagar en sinsentidos. Tape el resaltador, puse tu banda favorita y me tiré en el sillón abrazando un almohadón. Odio tu banda favorita.
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