Y abrir despacito la puerta de la habitación.
Y tirarme encima tuyo mientras duermas.
Y contarte los lunares de la espalda.
Y perderme y empezar de nuevo.
Y contártelos mil veces más
aunque ya sepa que son 216.
Y dejar que me retes cuando te saco fotos.
Y retarte cuando tires un vaso,
cuando compres otro atado de puchos,
cuando no te sepas los meses.
Y retarte porque me gusta retarte.
Porque otra vez apagaste el despertador dormido.
Porque nos quedamos veinte minutos más en la cama
y si te sigo mirando voy a derretirme.
Y retarte porque hablaste de otra,
porque me respondiste tarde,
porque no me dijiste buenas noches.
Y retarte porque me gusta abrazarte después.
Y abrazarte porque sé que voy a perderte en breve.
Y perderte porque sos originalmente copiado,
ayudado por tu cara bonita,
tu ropa bonita,
tu cuerpo bonito,
tu risa bonita.
Y perderte por tu ego retroalimentado,
por tu ejército de sumisas,
tus frases hechas,
tu sangre fría.
Y odiarte insaciablemente.
Por tu colección incoherente de deseos,
por tu corazón percudido,
por tu orgullo forzado,
tu mente siniestra
y tu karma que tarda tanto en llegar.
(Y algún día va a llegar)
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